lunes, 2 de agosto de 2010

El día que la Tierra implosionó

Mientras fumaba en la ventana... deliré una vez más.

TESTIMONIO
"Básicamente me di cuenta de que el Planeta Tierra iba a implosionar cuando noté que el humo de mi cigarrillo iba hacia abajo en lugar de subir. Por eso corrí hacia mi nave y arranqué hacia arriba. Mientras me alejaba cada vez más de casa dirigiéndome hacia el espacio sideral, mandé hologramas a todos mis contactos para que también ellos tomaran sus naves y huyeran. Lamentablemente muchos estaban en lugares como spas, el baño, durmiendo o similares, por lo cual no llegaron a mirar los mensajes que envié y no pudieron escapar a tiempo. Una vez que hube salido de la atmósfera terrestre me dirigí a la Luna. Era la primera que llegaba desde la Tierra, porque ese día no había vuelos preestablecidos, y se sorprendieron mucho cuando alunicé. Les informé acerca de la situación inmediatamente, y ellos transmitieron el mensaje a todas las bases que había en nuestro planeta. Por esto no tardaron en aparecer cientos y miles de naves que se dirigían al satélite. Los comandantes de la Luna advirtieron que no entraríamos todos ahí, y es por eso que derivaron más de la mitad de los vuelos que iban llegando hacia Marte. A mí me hicieron trasladarme al planeta rojo también, ya que en el satélite, por estar más cerca de la Tierra, tenían prioridad los niños y los ancianos. Al no ser una niñita, no tener descendencia ni haber cumplido más de 397 años, lógicamente fui de buena gana. Amarticé* y noté que desde mi última visita a ese planeta, hacía 68 años, nada había cambiado. Me pareció muy extraño que todo siguiera igual, pero a la vez esa situación me transmitió la extraña sensación de que estaba en casa. Desde Marte nosotros, y desde la Luna los ancianos, niños y comandantes, observamos todos cómo nuestro pequeño planeta azul se consumía a sí mismo y finalmente desaparecía dejando tras de sí una nube de polvo cósmico. Fue la última vez que vimos al planeta que durante tanto tiempo había sido nuestro hogar. Ahora ya pasaron 147 años. La mayoría de los marcianos somos de origen terrestre, pero los niños que nacen sobre el planeta rojo parecen no darse cuenta de que sus padres proceden de otro lugar. El día que la Tierra implosionó fue realmente una jornada triste, pero al menos estoy muy feliz de haber alertado a una gran parte de la población."

* amartizar: aterrizar en Marte

miércoles, 21 de julio de 2010

IV

Cuando recién me levanto, hablar me pone de muy mal humor.
Y ni te digo si es por teléfono.

miércoles, 14 de julio de 2010

La complicada conjunción de una Y y una O

Hoy descubrí algo espantoso. No sé quererme. 
Ok, por momentos me descuido y llego a apreciarme un poco. Pero no sé auto-reconocerme lo que hago bien. No sé analizar objetivamente lo que hago mal: siempre es LO PEOR. Si algo sale genial, quizás alguna vez es responsabilidad mía, pero cuando las cosas se arruinan... siempre es mi culpa, de alguna manera. 

¿Algún tip para llevarme mejor conmigo?

jueves, 8 de julio de 2010

I'm feeling good

-Me siento bien.-
Lo juro.

martes, 6 de julio de 2010

Después

Después de todo, después de nada.

Amor, gracias por nada.

III

Si querés a alguien y no se lo decís, sos un pelotudo.

Porque lamentablemente "más tarde" suele convertirse en "demasiado tarde".

lunes, 5 de julio de 2010

Deseo...

Decirte que no sería mentirme a mí misma, cuando venís a mí ofreciéndome tu abrazo tan dulce y amplio. Sería engañarme, engañarnos, sería pecado. Porque sí quiero fundirme con vos, ser una con vos, ser una las dos. Vos, la muerte serena, y yo, la humana torpe y equivocada.

Die my darling

[Die my darling, die here in my arms.
Take my hand while you slip away,
deep into the shadows of the night.
Die my darling, die sweetly and softly.
Enjoy every minute of it, as the best of pleasures. 
Breathe death in, breathe death out.
Let it invade you thoroughly,
let your body sink into its darkness;
darkness which you now see as the brightest of lights.
Die my darling, die here in my arms.
But as you breath fades away
don't you dare leave me behind.]

The end.

tu dulce abrazo
sólo eso espero
tu mar en calma
sólo eso pido
mi frágil cuerpo
te quiere ahora
entre tus brazos
por eso muero
te busco hoy
sé que esta noche
vas a venir
llevame lejos
a un nuevo mundo
tu mundo dulce
tu mundo pleno
mi mundo frágil
no pido mucho
no mucho quiero
sólo llevame
por eso muero.

domingo, 4 de julio de 2010

II

Pocas cosas me dan más paja que lavar un corpiño.

Maldito lavarropas traga-aros.

I

El clima está -casi- más ciclotímico que yo.

Red red -love-

Click acá. 

Hoy tuve uno de esos días en que me amo. En que siento que realmente me va a ir bien, que no me voy a equivocar, que soy genial y que si yo fuera otra persona me amaría también. Es curioso, porque al mismo tiempo que siento eso, sé que no es así. Tengo, siento la ambigüedad de amarme tanto y a la vez saber que si fuera otra persona me caería mal. Pero mientras duran momentos así... los aprovecho, porque son pocos y son geniales. Vale la pena amarse. ¿Nunca te pasó? Entonces te recomiendo que te vayas YA, sin terminar de leer esto ni nada, a hacer algo que te salga muy bien, y una vez que termines de hacerlo, pienses en lo bien que te salió. No tengas vergüenza de sentirte orgulloso de vos mismo, de creerte el mejor. No significa que durante este tipo de días soy una orgullosa sin remedio, porque, hola, sigo sabiendo que tengo limitaciones, las conozco muy bien, sigo siendo yo, con todas mis mierdas a cuestas, con mi historia de lágrimas y sonrisas. Pero en estos momentos sé que cuando digo que me odio me estoy engañando a mí misma. Es cierto que me caigo mal en muchas ocasiones. Pero cuando me caigo mal, son actitudes mías, no soy yo por completo. No me odio, simplemente odio mi manera de desenvolverme en la vida. Pero a mí, a mí por dentro, no. O al menos no del todo.
Ok, detesto la forma en que salen de mí las cosas que digo. Pero no detesto lo que pienso, sólo lo que parece que estoy pensando.
Suena ridículo, lo sé. Pero así soy yo. Y hoy, así me amo. 
Dicen que la pasión es roja. Dicen que el amor es pasión, por lo tanto, que el amor es rojo también. Y como el auto-amor no difiere taaaaanto del amor hacia los demás, este va a ser un día rojo.

-Cambio y fuera.-

martes, 29 de junio de 2010

Papel y lápiz

Es raro escribir. Cuando encuentro a una persona que escribe, me resulta muy lindo. Saber que no soy la única loca que plasmo mis ideas en papel, o en este caso, en un código bizarro de ceros y unos. Pero además es raro. Es raro porque, primero que nada, hasta que no leés a una persona no podés siquiera imaginar qué cosas escribe. Además, cada persona tiene otra manera de documentar pensamientos. Están los grandes géneros, claro: gente que escribe poesía, novelas, obras de teatro, ensayos, cuentos, o delirios como hago yo. Pero dentro de un mismo género, y con la misma temática, aún así... Varía increíblemente de una persona a la otra. 
Cuando hablás con una persona conocés su forma de pensar: podés ver qué palabras usa, si habla rápido o despacio, el tono de su voz, qué cosas está contando, sus gestos, etc. Y esa es la manera en que se organizan sus pensamientos. Pero cuando leés lo que alguien escribió, estás leyendo la manera en que ese alguien quisiera que se organizara su mente. Porque al escribir revisás lo que pusiste, lo vas cambiando, perfeccionando, hasta que estás satisfecho con lo que hiciste. En cambio cuando hablás, generalmente decís lo primero que te viene a la mente. No es algo que planées, al menos no tanto como al escribir. Pero cuando plasmás tus ideas por escrito para que alguien más las lea... Estás descubriendo lo más profundo que tenés, y que son tus deseos. La forma en que te gustaría pensar. 
Y eso es conocer a alguien. Podrás saber mi color favorito, pero si no conocés mis deseos (y me refiero a deseos grosos, no de qué color quiero pintarme las uñas mañana a la tarde) no me conocés en absoluto. No quiero decir que no conozcas a una persona hasta que no leas lo que escribió; puede contártelo, por supuesto, y es lo que la mayoría intenta hacer. Pero que ayuda, ayuda. Y cómo.

viernes, 25 de junio de 2010

My very own little way to happiness

Mi día fue una búsqueda, básicamente.
Fue buscar estar feliz sin llegar a estarlo, pero pasándole tan cerca que casi ni noté la diferencia. Es raro, esto de la felicidad. Uno no sabe si existe. O mejor dicho, uno sabe que la felicidad absoluta no existe. Porque nunca va a estar "todo" bien, nunca te vas a tomar "todo" de la mejor manera. Nunca vas a ser feliz, y aunque sigas queriendo creer que sí... En el fondo sabés que es imposible. Ojo, no digo que la gente no sea "feliz", lo que digo es que la felicidad a la que podés aspirar es a esa, entre comillas, porque podrá ser felicidad pero jamás absoluta. Y aún así, te pasás la vida queriendo más, luchando con todo para conseguirla, a ella, radiante, el objetivo máximo del ser humano: la felicidad absoluta. ¿No es ridículo, sabiendo que no vas a conseguirla, seguir intentándolo? No digo que esté mal intentar estar mejor. Pero todo tiene su límite. Sería hora de que en lugar de intentar estar mejor, nos pusiéramos a estar bien, lisa y llanamente bien, con los momentos copados que tenemos y sin aspirar a un estado casi divino al que sabemos que no vamos a llegar. Porque, aceptémoslo, somos humanos. No podemos aspirar a la perfección; está tan fuera de nuestro alcance que cuesta imaginarlo. Aún así, ser humanos también implica que tropezamos no sólo dos, sino incontables veces con la misma piedra. Por lo cual... ni siquiera tiene sentido estar escribiendo esto, porque sé que apenas termine de subir esta entrada al blog voy a seguir con lo mío, es decir, intentando construir mi propio camino a ese estado de éxtasis al que los simples mortales solemos llamar felicidad.
Volviendo a mi día, fue verde manzana. Ese que busca ser amarillo, aunque disfruta siendo verde. Por eso en conclusión, no fue un mal día.
Y ahora me voy a seguir escuchando No te va a Gustar, y a ver si me pongo las pilas, junto todo y salgo temprano, que estoy con muchas ganas de bailar. 

jueves, 24 de junio de 2010

Adjetivos

Auténtica, visionaria, libre, apasionada, audaz, complicada, sarcástica, locuaz, nerviosa, histérica, loca, cariñosa, malhablada, bruta, torpe, pícara, exigente, sincera, impulsiva, atrevida, sinvergüenza, peculiar, exagerada, enamoradiza, idealista, ecléctica, espástica, violenta, agresiva, ambiciosa, especial, franca, abierta, graciosa, patética, humana, mimosa, neurótica, despierta, pesimista, depresiva, lanzada, orgullosa, racional, descuidada, descarada, olvidadiza, colgada, gritona, sencilla, ñoña, bipolar, nerd, independiente, única, efervescente, volátil, inexperta, cambiante, inconstante, cosmopolita.
Y FELIZ.

Se aceptan sugerencias para completar la lista.

miércoles, 23 de junio de 2010

Loveself

"L'amour, hum hum, j'en veux pas
J'préfère de temps de temps
Je préfère le goût du vent
Le goût étrange et doux de la peau de mes amants,
Mais l'amour, hum hum, pas vraiment"

("El amor, hum hum, no lo quiero
Prefiero cada tanto
Prefiero la gota de viento
La gota extraña y dulce de la piel de mis amantes,
Pero el amor, hum hum, no realmente")

Hablando con Alex sobre el amor a raíz de esta canción, saqué varias conclusiones, cosas que antes estaban implícitas, que ya sabía, pero que por alguna u otra razón no ponía en palabras. 
La gente suele creer que el amor implica sufrimiento. Esto tiene que ver con un concepto social del amor, que no tiene nada que ver con el amor "puro", "limpio". En palabras de Alex, "no puede haber nada malo en desearle lo mejor a alguien, en querer sinceramente a una persona". El problema es el concepto que se tiene de amor. Se lo suele asociar al compromiso y a las exigencias, a las idealizaciones y al egoísmo. Dentro de este concepto social del amor (que, admitámoslo, todos tenemos; lo venimos respirando desde el momento en que nos cuentan el cuento de la princesa bonita y el caballero valiente), la fidelidad es un valor indispensable, así como la entrega, la resignación, el sufrir por el otro. Y sí, la solución parece fácil: buscar gente que no tenga estas limitaciones con respecto al entendimiento del amor. Pero realmente se complica, en esta sociedad en la que las relaciones deben ser bipersonales. Creo que Carla Bruni en su canción L'amour plantea justamente eso: que sólo es capaz de querer a sus amantes porque ellos no le exigen nada a cambio, no la agobian con los temas pesados de las relaciones sino que simplemente se dedican a disfrutar de lo bueno sin buscar nada más. Ahí está la libertad del amor. Porque amor es libertad.
Creo que el egoísmo en el amor nace del concepto social que se tiene de él. ¿Por qué tendría que molestarme que la persona a la que amo esté con otra persona? ¿Significa eso que no me quiere? ¿Por qué? ¿No se puede separar el sexo del amor, la pasión del cariño? Si bien una parte del amor es por naturaleza egoísta, y es que si amás a alguien vas a querer que también te ame... ¿qué otra exigencia está implícita en el sentimiento? ¿Hay alguna? No para mí. 
Todo esto me hizo pensar que el concepto de egoísmo también es actualmente, a mi entender, errado. El egoísmo conlleva una carga negativa que nosotros le damos. Pero que no trae de fábrica: es la pintura que nosotros le ponemos para distinguirlo más fácilmente del deseo. En mi concepción, todos nuestros actos son egoístas. Y muchos me han discutido que la Madre Teresa de Calcuta no era egoísta. Y yo respondo: era egoísta al punto que era un ser humano, porque el egoísmo es lo primero que adquirimos; después viene el resto. La Madre Teresa se sentía bien sacrificándose por los demás. Se sentía tan bien haciendo eso que decidió dedicarle su vida. Persiguiendo su propio bienestar personal, arrastró en su camino el bienestar de muchas otras personas. Pero yo te aseguro que si a ella la hubiera llenado de placer (de la misma manera que la hacía feliz ayudar a los demás) cazar zorrinos, se hubiese dedicado a cazar zorrinos. No me cabe duda. El egoísmo es, después de todo, nuestro motor: es lo que nos impulsa a estar mejor, o al menos a intentar mejorar. Es por egoísmo que queremos a los demás, también (¿por qué querés a tus amigos si no es porque te hacen sentir bien, porque son geniales, porque es bueno tenerlos cerca tuyo, etc.?).

Colaborador: Fara


Con los párpados por el piso y el orgullo por las nubes, ahí te dejo pensando.

Apasionarme me apasiona

Rojo. Rojo como la vida, como el fuego, como la sangre, como la pasión. Rojo como la fuerza que me impulsa hacia adelante, como el camino que elegí seguir hoy, como las rosas rojas que los hombres cursis les regalan a sus (¿afortunadas?) enamoradas. Fue un día apasionado y sin saber siquiera por qué. Lo que sí sé es que de repente me entraron ganas de vivir, de poder, de hacer mucho, pero no eran esas ganas efervescentes características de un día verde manzana o amarillo. Eran ganas profundas, ganas sentidas. No eran sólo ganas de "hacer", eran ganas de apasionarme sintiendo que hago lo que deseo. Sí, así de largo. Y qué bien me sentía. Porque cuando las ganas de algo se apoderan de mí con tanto ímpetu, con tanta fuerza, realmente se hacen notar. Da gusto un día tan rojo.

martes, 22 de junio de 2010

Subjetiva

¿Qué escondés? ¿Qué temés mostrar?
¿A quién idealizás?
Hoy camino y te veo y lo que veo no me gusta.
Yo también idealizo, lo sé.
Para bien y para mal, todos lo hacemos, lo hicimos.
Y lo seguimos haciendo.
Pero ¿por qué?
¿Necesito este filtro de subjetividad? ¿Por qué no puedo elegir no tenerlo?
¿Por qué no puedo elegir ver las cosas sin teñirlas de mí?
Tuve un punto de vista y con el tiempo lo cambié.
¿Y qué pasó con el primero?
¿Cambió? ¿O siempre fue cambio?
Si yo soy el cambio, ¿cambio todo lo que toco?
¿O lo que toco me cambia a mí?

¿Cambia algo si te miro, si me mirás?

DESIDERATA

Go placidly amid the noise and the haste,
and remember what peace there may be in silence.
As far as possible, without surrender, be on good terms with all persons.
Speak your truth quietly and clearly; and listen to others,
even to the dull and and the ignorant; they too have their story.
Avoid loud and agressive persons; they are vexatious to the spirit. 
If you compare yourself with others, you may become vain or bitter,
for always there will be greater and lesser persons than yourself.
Enjoy your achievements as well as your plans.
Keep interested on your career, however humble;
it is a real possession in the changing fortunes of time.
Exercise caution in your business affairs, for the world is full of trickery.
But let this not blind you to what virtue there is; many persons strive for high ideals,
and everywhere life is full of heroism. 
Be yourself.
Especially do not feign affection. Neither be cynical about love,
for in the face of all aridity and disenchantment, it is as perennial as the grass.
Take kindly the counsel of years, gracefully surrendering the things of youth. 
Nurture strength of spirit to shield you in sudden misfortune.
But do not distress yourself with dark imaginings. 
Many fears are born of fatigue and loneliness.
Beyond a wholesome discipline, be gentle with yourself.
You are a child of the universe no less than the trees and the stars;
you have a right to be here. 
And whether or not it is clear to you,
no doubt the universe is unfolding as it should. 
Therefore be at peace with God, whatever you conceive Him to be.
And whatever your labors and aspirations, in the noisy confusion of life, 
keep peace in your soul.
With al its sham, drudgery, and broken dreams, it is still a beautiful world.
Be cheerful.
Strive to be happy.

domingo, 13 de junio de 2010

Coffee and TV

Hay días para hacer cosas y hay días para quedarse adentro, calzarse las medias de lana y sentarse a escribir o a ver fútbol. Un día gris, en mi opinión, es de los segundos. No es que el fútbol me parezca gris (de hecho me encanta), es la actitud de encender el televisor para "ver qué hay". No hay nada más deprimente que ponerse a ver qué hay, porque ahí descubrís la cruda realidad: no hay nada para ver. Y tampoco hay nada para hacer. ¿Qué se hace un domingo? Un domingo es gris. Gris como el cemento, como las cenizas, como la monotonía y lo que ya fue.
El gris es repetitivo, mecánico, rutinario. No me gustan los días grises.

miércoles, 9 de junio de 2010

Runaway

Correr es una terapia. Es dejar todo atrás, y a la vez es acercarte cada vez más a algo. Es tanto soltar como abarcar. Es conservar y dejar ir, en su forma más pura, menos contradictoria, más natural. 
Cuando corro, pero cuando corro en serio, cuando el mundo se vuelve borroso y lo único que veo es el objetivo, porque lo demás se mueve a una velocidad vertiginosa, me siento libre de verdad. Siento que soy yo, y a la vez siento que soy todo. Soy todo lo que puedo, soy todo lo que quiero ser. Corro, o más que corro, vuelo. Miro, pero no veo. Y veo, pero no miro. Cuando corro, todo se detiene y todo se acelera. Se detiene mi vida, se detiene el tiempo, se detienen mis pensamientos. Pero a la vez, el tiempo y la distancia pasan más rápido, y pienso con más velocidad que antes, y hasta con más claridad. Y a pesar de que cuando voy corriendo las cosas a mi alrededor se ven borrosas, dentro de mi cabeza todo toma forma, y los límites se definen, y las líneas se ven nítidas, separan y contienen y son, en definitiva, lo que deben ser: líneas, en lugar de manchas confusas. Todo esto pasa mientras corro. Por eso digo que correr es blanco y negro, pero a la vez es amarillo. Por eso, por única vez, voy a clasificar una entrada con dos etiquetas a la vez. Porque sí, es blanco y negro, es claridad y definición del pensamiento, es objetivación, pero a la vez es amarillo, es euforia, es una explosión de vida que me impulsa a seguir corriendo.
Está bueno correr. Pero no hablo de trotar. Hablo de picar, de dejarlo todo, de superarte a cada paso y sentir que no podés ir más rápido, y a cada pisada descubrir que sí podías. Es una sensación tan real como reconfortante. Es la magia de la velocidad.

sábado, 5 de junio de 2010

Todos tus muertos

Es curiosa la vida. Y así también es curiosa la muerte. Pero no hablo de la muerte como el fin de la vida de uno, sino como un suceso que se vive. No, no fui clara: me refiero a cuando, por ejemplo, se te muere alguien cercano. A todos nos pasó alguna vez (y sino, o estás muy solo o tenés demasiada suerte, hermano). Pero a lo que voy es a que nunca sabés cómo tomarlo. Hoy caí en una crisis, y una de las cosas que me puso mal es que extrañaba a mi abuelo. Mi abuelo Carlos murió hace más o menos tres años, creo. Tuve tiempo de asimilarlo, me lo tomé de la mejor manera posible, y no lloré mucho. Pero hoy, después de mucho tiempo de no llorar por él (y quiero aclarar que no es que no lo haya extrañado), me cayó la ficha (como tantas veces): no está más. Nunca más un abrazo, nunca más bailar juntos, nunca más un reto, nunca más una felicitación, nunca más un saludo, nunca más mi abuelo Carlos. Lo que queda de él son fotos, palabras, recuerdos, objetos, sensaciones, sentimientos. Pero él, ya no más. Y fue el cumpleaños de mi abuela. Yo no sé si eso tendrá algo que ver con que el recuerdo de mi abuelo bailando conmigo me hiciera tanto mal; más que el recuerdo, la certeza de que nunca va a repetirse. Yo no sé por qué hoy crisis. Sólo sé que crisis al fin.

Fue un día azul, azul como pocos: me dolía la cabeza, tenía el estómago revuelto, y no podía parar de llorar. Y muchas cosas me hicieron pensar en muchas otras cosas. Fue un día de reflexionar, sobre mí, sobre mi vida, sobre qué carajo estoy haciendo con mi vida. Y no me gustó la conclusión. Estoy aferrada a personas más volátiles que una pluma, a cosas que se vuelan con el viento. No sé a dónde quiero ir, pero eso no es lo más grave. Lo más grave es que ni siquiera sé hacia dónde estoy yendo. No sé qué quiero pensar, qué quiero hacer, y no sé por qué hago lo que hago o por qué pienso lo que pienso. Y si nunca te pasó, permitime decirte que es una sensación de mierda. Es sencillamente estar andando en auto, sólo que con un pequeño detalle: no sabés ni dónde está el volante, ni dónde está el freno. Y por más que busques no los encontrás. Sí, podrás decirme, es fácil: buscás el manual del auto. ¿Querés las malas noticias? (Claro que no las querés, pero voy a dártelas igual.) La vida no viene con manual. Las personas tampoco. Si hubiese un manual de mí misma, claro que vivir sería fácil. Aunque por otro lado... ¿cuál sería la diversión?
A lo que voy es a que que se te muera alguien es una cagada. Siempre. Es lo más natural, es la única certeza que tenés: la muerte. Y aún así, todavía no aprendés a convivir con ella, y la llorás siempre que aparece. ¿Por qué no podés tomarla como un hecho más en la vida? Esa persona, claro, no está más. Sí, la vas a extrañar. Pero no es para tanto. A fin de cuentas, vos también te vas a morir; pero hasta que eso pase podrías disfrutar a las personas que te quedaron vivas en vez de llorar a tus muertos. Es mi humilde opinión. Y ojo, sí, es una crítica, pero es una crítica que intenta ser objetiva e imparcial, ya que, después de todo, también estoy juzgando mi propia actitud.
Y ahora me voy a seguir escuchando Red Hot Chili Peppers, posiblemente después a leer, y luego dormir, que tanta falta me hace últimamente.

martes, 1 de junio de 2010

Hay que salir al sol

En esencia es una frase simple, pero realmente encierra una gran verdad. ¿Qué extraña magia será? La que hace que querer a alguien, sea desear que te quiera, sea hacer lo (im)posible por causarle una sonrisa. Que sentir que alguien te importa hace instantáneamente que su felicidad sea importante. Porque cuando querés (o al menos cuando querés sanamente) no te alcanza con que el otro esté cerca tuyo; necesitás que esté cerca tuyo por su propia voluntad. Querés que te quiera de la misma forma y con la misma intensidad que vos. 
Hoy no fue un mal día. Compré y armé el regalo para un amigo (y me sentí muy bien al hacerlo, esto de regalar te hace sentir muy buena persona), vi a una amiga, y, aunque a la mañana tuve un momento de bajón (muy bajón, en realidad), la tarde lo remontó. Salir a la calle hace bien. Lo digo en serio. Cuando estoy deprimida y me quedo en casa, termino deprimiéndome más por el simple hecho de que no estoy haciendo nada para des-deprimirme. Pero salir a la calle despeja: es el aire pegándome en las mejillas, es el cielo que se refleja en mis ojos, es el cielo que se refleja en los ojos de los demás. Es la vida, que se mueve por las calles, y lo invade todo. Es el sonido de una carcajada, es el ladrido de un perro, es la voz de una señora viejita que agradece a alguien que le cedió el asiento en el colectivo, es ese par de ojos del que no podés desclavar tu mirada, es la música que se escucha desde adentro de un negocio; son los colores de las golosinas en el kiosco, es la dinámica de la gente caminando, corriendo, apurándose o haciendo tiempo, paseando, mirando, saltando charcos o protegiendo sus ojos del sol. Es la ciudad, que con su movimiento me saca de mi letargo y me obliga a andar. 
Por eso no voy a dejar que el gris de mi mañana tiña mi día entero, que merece ser verde manzana. Sí, verde manzana. Como lo es una parte del papel que envuelve el regalo de Gon.

lunes, 31 de mayo de 2010

Cantar conmigo

Si antes de empezar a leer querés escuchar un buen tema, estás a un click de distancia.

¿Me creerías si dijera que una emoción puede teñir toda una vida? Hoy lo digo. Hoy lo grito. Hoy lo canto. 
¿Por qué callar lo que sentís? ¿No te enorgullecen las sensaciones que fuiste creando? Y si no lo hacen... ¿por qué no las modificás? Sos libre, tan libre como yo. ¿Querés saltar? Buenas noticias: podés. ¿Querés reír? ¿Querés llorar? ¿Querés cantar conmigo? Vení, te dejo. Y que a este canto se unan todos. Porque todos podemos.
Hoy amo la vida porque puedo amarla. Hoy me siento amarilla, y no me lo callo. Si a fin de cuentas todo da lo mismo, ¿para qué vivir mal cuando puedo decidir estar bien? 
Como decía: hoy me siento amarilla, y no me lo callo.

¿...?

¿Quién sos?
¿Lo sabés? ¿Alguien lo sabe?
¿Quién fuiste? ¿Quién vas a ser?
¿Tenés respuesta para la incesante duda que es el tiempo?
Y si lo supieras... ¿tendrías el valor de decirlo en voz alta?
¿Admitirías quién fuiste?
¿Revelarías quién sos?
¿Me contarías quién serás mañana?

¿...lo haría yo?

sábado, 29 de mayo de 2010

Tiempo

Un instante que dura por siempre, ¿es un instante, o es eterno? Los recuerdos, esos que no se borran, ¿son sólo memoria, o son también presente? ¿Es presente la memoria? ¿Es pasado el olvido?

Memorias tuyas

Fuiste luz y fuiste sol
¿Qué nos pasó?
Hoy extraño ese lugar seguro que era tu abrazo
Te recuerdo con un sabor amargo en la boca
¿Será el tiempo? ¿Será el olvido?
¿Será pasajero?
Si una nube opaca mi día
¿Tengo que desesperarme? ¿Tengo que entender?
¿Tengo que dejar de brillar porque tu resplandor se fue con el viento?
Quise entregarme a la luz
Y después quise entregarme a la sombra
Y en este claroscuro hoy no te veo
Por más que te busque, no te encuentro
Pero no quiero encontrarte
Ya no quiero buscarte, no quiero.
Y si me miraras ahora, descubrirías
En mi mirada una sombra oscura
Verías los restos de lo que fuiste
Verías el sueño de lo que podrías haber sido
Y verías el reflejo de lo que hoy soy.
Pero sospecho que no querés mirarme
No querés encontrar mis ojos cansados
No querés ver lo que la tormenta dejó
Porque los restos duelen, igual que los recuerdos
Duelen como espinas
A la vez que alumbran como un sol.

Dudas y sombras

La incertidumbre es ese sentimiento que te desespera, te inmoviliza, te ata y te desata de todo y de nada, te hace dar mil vueltas y no llegar a ningún lado. Si el conocimiento es la base de la acción, puedo decir que la incertidumbre es, entonces, la base de la no-acción. Y la no-acción es desesperante. Lo dinámico llama, mientras que lo inmóvil atonta. Cuando sabés lo que querés, lo que va a pasar, lo que vas a decir, podés hacerlo. Cuando no sabés... ¿qué podés hacer, más que esperar? Podés intentar, claro. Pero es arriesgado, y muchas veces da miedo. Intentar hacer cosas sin saber qué resultado van a tener es mi enemigo por excelencia. Necesito tener mi vida organizada, necesito saber las cosas; necesito saber lo que pienso, lo que está pasando, lo que sienten los demás; necesito tener un plan. Eso no significa que me guste caer en la rutina, no: me gusta correr riesgos, me divierte romper con las estructuras. Pero también me asusta, me estresa. Porque vivo pensando en lo que va a pasar, y si no lo sé, tiemblo. Me rompo, me caigo; no puedo. 
No soy flexible, no puedo doblarme tanto frente a las circunstancias. Sé que hay gente que lo hace, que le resulta natural, pero yo no soy así. Me encantaría, pero no me sale. Soy rígida, controladora, intolerante, no me gusta que las cosas se salgan de mis manos. Y menos cuando esas "cosas" implican mi vida. 
Habiendo dicho esto, puedo decir que hoy no fue un mal día, después de todo. Bailé, escuché música, cené con alguien que quiero, vi a varios amigos... Definitivamente, no fue un mal día.

jueves, 27 de mayo de 2010

Soy mi dios

"¿Viste que hay personas que es como que nacieron para estar en pareja y otras que nacieron para estar en quilombos nada más? Porque creo que yo soy de las segundas". Me dijo eso, y me hizo pensar. Es cierto que a veces veo una persona e inmediatamente pienso que nació para estar acompañada. O, por el contrario, que nació para estar sola. ¿Me vas a decir que nunca te pasó? Pero es bastante triste pensarlo así. Porque son categorías excluyentes. Y además... ¿tenemos que haber nacido para algo? Yo no creo en ningún dios, ni en el destino, ni en una energía superior, ni en nada que se le parezca. Creo, por decirlo de alguna manera, en las células que me componen, que nos componen. Y, como todos sabemos, las células no tienen propósito; sólo tienen causas, y sus respectivas consecuencias. No hay propósitos en la ciencia, y, si lo querés ver de esta manera, la ciencia viene a ser mi religión. ¿Cómo podríamos haber nacido para algo, si para que exista un propósito tiene que haber una intención? ¿Qué o quién tuvo esa intención, quién dijo que yo existo para lograr x cosa? 
A veces me gustaría creer en alguna especie de ente superior. Sería mucho más fácil. Pero después me acuerdo de que en realidad la que maneja mi vida soy yo, nadie más que yo. Y si bien sería más sencillo existir basándome en que todo lo que me pasa es porque alguien ya lo definió así, me resulta más placentero saber que todas las cosas que logré, las conseguí por mi propio mérito. Que de alguna manera merezco lo que me pasa, porque es lo que construyo. 
La gente que me rodea es la que yo fui juntando por el camino. Las cosas que hago, las cosas que digo, son lo que yo decido. Lo bueno y lo malo. Todo. Lo que pienso, lo que siento; es lo que yo construyo día a día, tomando lo que tengo y fabricando lo que me falta. Dejando ir un par de cosas y agarrándome con más fuerza a algunas otras. 
Si yo fuera mi dios, hoy me haría sentir amarilla. Amarilla, porque soy mi propio dios. Todos lo somos. Por eso hoy voy a decir: que me siento amarilla, que quiero sentirme amarilla, y que así estoy bien. Muy bien. Porque las cosas que cambiaría de mi vida, después de todo... Las puedo cambiar. Ok, no puedo viajar en el tiempo. Y como no puedo, no voy a lamentarme hoy por ayer, cuando sé que entonces mañana voy a querer volver al día de hoy para dejar de lamentarme. Y no voy a poder. Basándome en esto, decido sentirme amarilla, como el sol. 
Soy un sol redondo, brillante, intenso, que ilumina mi día. Soy un sol que trae alegría, soy mi dios.

viernes, 21 de mayo de 2010

Verde esperanza

¿Viste cuando de repente sentís algo tan estúpido como que "todo va a estar bien"? Porque a mí me está pasando, y no sé qué hacer conmigo. Sinceramente, no sé cómo explicarme que algo así no puede ser verdad. Es imposible que todo esté bien. Pero aunque soy consciente de eso... sigo pensando lo mismo.
Es raro, sentir cosas positivas. Sentir que la vida, después de todo, es copada, y no es esa hija de puta que día a día me tira para atrás. Es raro y es lindo. Pero lo malo es cuando la vida me cae sobre la cabeza, como un piedrazo. "Soy una forra", pareciera decirme. "Me odiás, ¿no te acordás?" 
Pero mientras me siento positiva... Me siento bien. Me siento libre. Son esos momentos en que digo... Mierda, que vale la pena estar viva. No tengo idea de por qué vale la pena. Pero está bueno. 
Y ahora mejor voy a ducharme de una vez. Tengo que aprender a dejar de querer hacer muchas cosas al mismo tiempo porque termino no haciendo ninguna bien. O subo algo al blog, o me ducho, o me voy a tango. Todo no puedo.

jueves, 20 de mayo de 2010

Enid Merle

Estaba leyendo un libro cuando de repente encontré esto:
"Enid se recordó que el dolor de la pérdida era un sentimiento que la había acompañado toda la vida. Era una nostalgia por algo que siempre se le había antojado que estaba fuera de su alcance. Se trataba sencillamente de la condición humana, pensó Enid. Existían preguntas inherentes a la propia naturaleza del ser vivo que no se podían responder, sólo cargar con ellas."
 Quinta Avenida, por Candace Bushnell, p. 27. 
Y me puse a pensar... Es verdad lo que Enid creía.
Hay millones de preguntas que no puedo contestarme. ¿Alguien tendrá las respuestas a todas esas preguntas? No creo, pero en realidad no tengo la menor idea.
Lo que sí sé es que a veces pienso demasiado. 

Llave nueva

Cuando me levanto de la siesta, suelo no entender nada.
Pero si encima me despierto porque alguien tocó el timbre porque en mi puerta hay un bombón que me está dando una llave para que yo pueda entrar a mi casa... ¡Entiendo menos todavía!

¿Qué ves cuando me ves?

Hoy iba caminando por la calle cuando de repente me di cuenta de algo espantoso. Nunca voy a poder saber cómo me veo. Desde afuera, digo. Porque puedo verme en una foto, o en el espejo. Pero no hay manera de abstraer mi mirada de mi persona al punto de saber cómo soy a través de los ojos de los demás. Y eso siempre me mató de curiosidad. Creo que a todos nos pasa. ¿O no? ¿No te intriga saber qué piensa la gente cuando te ve pasar? ¿Cómo te ves cuando te vas de algún lado? ¿Cómo son tus expresiones cuando abandonás la fría seguridad del espejo? 
Quiero saber cómo soy cuando me muevo, cuando hablo, cómo se ve mi pelo cuando camino, qué forma toma mi espalda cuando no estoy consciente de ella. Cómo se curvan mis hombros cuando escribo, cómo se arquea mi cuello cuando leo algo, cómo se mueven mis pies cuando camino, de qué espástica manera mis brazos van flameando, intentando seguir mi ritmo, cuando corro. Quiero verme reír, quiero verme llorar, quiero verme ser. Quiero verme.
También quiero escucharme. Quiero saber cómo suena mi voz cuando cuento algo que no me importa demasiado, cómo resuenan mis gritos, cómo se escuchan mi risa y mi llanto, cómo vibra el aire cuando hablo a mil por hora. 
Me gustaría salir de mi cuerpo y conocerme. Observar todas esas cosas que quiero saber de mí, y que no puedo notar desde adentro. En mi opinión, eso es lo más copado de ser actor. Que podés verte: podés verte caminar, podés verte reir, podés verte correr, cantar, mimar, llorar, sentarte, saltar, ser la más santa o la más hija de puta. Podés conocerte desde una óptica que de otra manera no alcanzarías nunca. 
El espejo es un buen amigo en ese sentido. A través del espejo, sé exactamente cuál es mi color de ojos, conozco la forma de mi boca, veo el ángulo de mi nariz, el tamaño de mis cejas. Pero yo creo que la mejor manera de verte a través de los ojos de los demás, es buscarte en su mirada. Cuando la gente te mira hay muchas cosas que cambian según la impresión que causás. Está en cada uno ser más o menos perceptivo con ese tipo de cosas. Yo a veces percibo bien esas pequeñas "señales": los ojos se abren más o menos, las pupilas se dilatan o achican, la cabeza se tuerce o se endereza, los brazos se acercan o se alejan de vos. La boca dibuja muecas de acuerdo con la sensación que le provocaste a esa persona. Ok, no es tan alevoso como lo describo. De hecho, me cuesta muchísimo y la mayoría de las veces termino pensando cualquiera. Además, no es una fórmula matemática, no me paso la vida observando las pupilas, los brazos y los labios de la gente; es más que nada una impresión. Pero es que esas cosas que dice la Cosmo sobre lenguaje corporal, después de todo, son un poco ciertas. El cuerpo habla. Y la mirada también.
Sólo espero que mi mirada no sea tan transparente como la que busco en los demás. Sería como un libro abierto, y eso no sé hasta qué punto es copado; es lindo saber lo que el otro piensa con sólo mirarle la cara, pero también está bueno el misterio.
Y ahora me retiro a dormir una siesta, que es algo que cada vez odio un poco menos. 

miércoles, 19 de mayo de 2010

Sacarte los colores

Blanco y negro contrastan. Negro y blanco también. Cuando tengo un día blanco y negro, veo todo más objetivamente, puedo analizar mejor las cosas. Son los días más racionales que tengo. Durante un día en blanco y negro las cosas resaltan más, se ven mejor, me llaman la atención de una manera que con otros colores sería imposible. Y eso me ayuda a pensar. 
Cuando algo se ve borroso y le saco los colores, sus límites se definen: hay una línea que divide una cosa de otra. Cosas que pueden ser la fantasía y la realidad, lo bueno y lo malo, lo útil y lo insignificante. 
Veo las cosas más claras porque les saco toda emoción, todo sentimiento, toda sensación. Miro hechos, y no ideas. Y por eso puedo definir mejor ese tipo de cosas. Puedo separar lo que es de lo que creo, lo que pasa de lo que siento, lo que soy de lo que pienso que soy. Puedo empezar a ver y analizar en lugar de imaginar y crear. Porque después de todo, las sensaciones son cosas que uno va creando, no son algo que cae del cielo y oops! aparece dentro de uno. Son una construcción de cada persona. Podés llamarlo persona, alma, mente, encéfalo, esencia fundamental, corazón, personalidad, o como quieras. Pero creo que vas a estar de acuerdo conmigo en eso. 
Por eso, en un día en blanco y negro puedo discernir qué emociones fui creando, y hasta quizás puedo encontrarles una razón. 
Pero más allá de todo lo que veo, de lo que soy capaz de descubrir o analizar fríamente, lo increíble es la manera en que puedo racionalizar todo eso que en cualquier otro momento me hubiera hecho sentir de algún otro color. Puedo trascender las emociones, puedo incluso trascender los pensamientos. Ya no tengo mil voces en mi cabeza diciéndome qué tengo que hacer, cómo me tengo que sentir, qué tengo que creer. En esos momentos me siento libre, pero libre de verdad. Es una libertad más grande que todas las libertades que puedo experimentar de cualquier otra forma: es una libertad única, absoluta. Es casi irreal. 
Como dije al principio, blanco y negro contrastan. Pero también pueden fundirse en una armonía tan perfecta que sólo de verlos da placer. Y de eso se tratan mis momentos en blanco y negro.

martes, 18 de mayo de 2010

Rayo igual idea

Estaba mirando el cielo y algo cambió de golpe. ¿Había sido un rayo cruzando las nubes? No, había sido un pensamiento cruzando mi cabeza. Que en mi opinión es algo muy parecido. "Qué locuras hace la gente por amor". Esa fue la idea que cortó la calma del momento. Y lo empecé a pensar, pero a pensar en serio: realmente, qué cosas locas uno escucha por la vida, y la justificación de esas locuras siempre es algo parecido a la palabra amor. ¿La gente es loca o la gente enloquece? Y hablo de la gente porque nunca hice nada muy loco o arriesgado por amor; de hecho creo que nunca amé, ¿cómo podría...? En fin, decía, yo creo que la gente necesita una excusa para hacer locuras, porque sino sería muy mal visto. Y el "amor" es una excusa lo suficientemente buena como para hacer cualquier cosa. O así se ve desde afuera.
Después de todo, todos estamos un poco locos. Sólo hace falta que te deje de importar por un milisegundo lo que los demás pensarían si... Y ya está: hiciste la locura, y la disfrutaste. Y quizás alguien te señale con el dedo, pero lo más probable es que las personas se rían con vos. Que, como todos sabemos, no es lo mismo que de vos. 

La idea de este post era así, cortito, sólo una opinión sobre la locura que me surgió mientras miraba el cielo. 
Y me voy, me voy a seguir escuchando los recuperados cds de Carla Bruni que tanto extrañaba y a ver si en algún momento junto ánimo y estudio un poco aunque sea, y a ver si después también junto ánimo para cenar. En definitiva, me voy a ver si junto ánimo, porque otra no me queda. 

Hijos del rigor

A mí me encanta andar a caballo. Pero me gustan los caballos de club, o los de familia, y no los de alquiler (como los que están en la playa, por ejemplo), que no quieren alejarse de sus dueños y galopan si y sólo si están volviendo a su lugar de descanso. 
En ese sentido, creo que soy como un caballo de alquiler: necesito una gran amenaza -o una gran recompensa- para salir al galope. Si no, voy al paso por la vida; quizás en algún momento salgo al trote y en otro freno al costado de la ruta, pero no me apuro.
Y no se aplica sólo a la velocidad a la que vivo. Se aplica al esfuerzo que imprimo en lo que hago, a mis relaciones con las personas, a cuánto me muevo por conseguir lo que quiero, a la intensidad con que vivo los momentos. Se aplica, en definitiva, a mí, tanto a mi forma de ser como a mi forma de hacer
En ese sentido, creo que todos somos como caballos de alquiler: por más fuerte que te peguen, si no querés correr no siempre vas a hacerlo, y por el contrario, por mucho que te tiren de las riendas, cuando estás llegando a donde querías, vas a galopar. Claro que la manera de recorrer el mientras tanto, cuando ya te alejaste del descanso y todavía falta para volver, varía mucho de persona a persona. Yo digo que soy como un caballo de alquiler porque a veces necesito un buen fustazo para empezar a trotar. Habrá gente más sensible a eso, que ante un golpe más chiquito ya sale al galope; y habrá también gente que necesite de incentivos más intensos que los que necesito yo.
En fin, en eso andaba pensando hoy. 
Y ahora me voy a estudiar, que si no empiezo ahora no empiezo más. Y biología y sociedad y estado no es una buena combinación.

lunes, 17 de mayo de 2010

Pilas y sonrisas

Digas lo que digas, yo me siento verde. Pero ese verde, verde manzana, ese que casi hace mal a la vista. Dinámica, osada, fresca, audaz, efervescente, impulsiva, llena de energía; esa soy yo ahora. Quizás es real, o quizás es una máscara. O quizás no sea nada, no sé. Pero yo, verde manzana. Así, eléctrica, ecléctica, una nebulosa de movimiento, chispas y explosiones, y muchos, muchísimos colores más. Soy sonidos, soy oídos, soy ojos y movimiento, soy un corazón que late, soy el viento que sopla, soy las olas del mar. Soy cíclica, pero impredecible. Soy, en definitiva.
El verde es un retoño que nace y busca el sol, y eso es mi humor, un brote verde que busca ser amarillo. 
Podría definir al verde manzana como "estar con pilas". Pero no es sólo eso, es estar con pilas y con ganas de sonreir, y con ganas de hacer cosas, no es sólo "no tener ganas de no hacer nada", sino "tener ganas de hacer algo".
En fin, además de con pilas, estoy atrasada en lo que tengo que hacer, así que esta entrada va a ser cortita.
Ahora me voy a escuchar música (todavía no decidí qué) y a hacer lo que necesito para mañana, que no es poco. Saludos.

domingo, 16 de mayo de 2010

La teoría de los mundos propios

Te acordarás (o no, por eso lo repito ahora) que empecé el día diciendo que me sentía azul. Azul porque estaba triste. Aunque no lo creas, ahora me siento amarilla. Amarilla por feliz, por eufórica, por dinámica, por libre.
Porque sé que hoy, como siempre, como nunca, puedo estirar las alas, y puedo elegir hasta dónde llegan, y hasta dónde llego yo, y sí, hay quien dirá que estoy loca, pero sí, puedo volar. El mundo es mío. Siempre lo fue. Tengo la teoría de que el mundo es de cada uno. Muchas veces dejo de avalar esta teoría dentro de mí, porque es un poco solitaria. Es algo como: mi mundo es mío. El mundo de cada uno, es de cada uno. Yo creo que nadie existe, sólo yo, y el mundo es una construcción mía. Ahora; no es que yo sea la única que hay ni mucho menos. Yo creo que esto es lo que va haciendo cada uno. Cada uno está solo en el mundo. Cada uno es el único que existe. Y esas realidades se van superponiendo, y de repente surge esta realidad en la que todos estamos metidos. Pero a la vez, en la que nadie existe si no es solo. Aún con la ilusión de que hay un "resto del mundo". No sé si creo que esto sea verdad; de hecho, no creo que lo sea. Pero es una teoría, y si no pruebo que está mal, no tengo por qué decir que esté mal. Es sólo una idea. 
Volviendo al principio, te conté esta teoría que tengo porque te dije que tengo alas, que soy libre y puedo estirar mis alas y salir volando. Y lógicamente, no te lo estoy diciendo en el sentido literal, pero eso no quita que sea cierto. Todos podemos volar, las alas están ahí; sólo hay que aprender a verlas. Puedo salir a la calle y adueñarme de lo que yo quiera. Si veo un auto que me gusta, entonces va a ser mío; y si un perro mueve la cola, voy a copiar esa vida; y si alguien me llama la atención, puedo hablarle, puedo quedármelo. Puedo, porque digo que puedo. Y creo que ese es el secreto para sentirse amarilla. Porque amarilla equivale a eufórica, y este tipo de poder produce eso: euforia. La euforia de ser dueña del mundo. Pero no dueña de esas que van a salir a explotar todo lo que hay en la superficie de la Tierra; porque me gusta mi mundo y quiero cuidarlo. Soy dueña del mundo, porque decido que es mío. Hoy lo decido. Hoy te lo cuento. Y espero que estés de acuerdo conmigo, que así como yo soy dueña de este mundo, este mundo desde el que estoy escribiendo en este momento, vos sos dueño del tuyo. Podés escribir, podés tejer medias de lana, podés salir a caminar o ponerte a tomar sopa con pajita. Es tu mundo, aprovechalo: todo está permitido, porque tus reglas las ponés vos.
Yo, me voy a poner mis reglas. Y a encarrilar esta euforia. 

Algo sobre mí

Tengo personalidad adictiva. Y eso es un problema. Ya no importa a qué; me hago adicta a las cosas, a las personas, a los olores, a las sensaciones, a los colores... Me hago adicta. Y, para rematarla, me aburro muy fácilmente. Es difícil que yo termine algo que empecé; siempre encuentro algo mejor que hacer cuando estoy por la mitad, y en eso queda todo: en una mitad incompleta, en un pedazo de algo que espera que lo terminen, en una idea, un proyecto, un esquema, un plan. Ahora bien; hasta ahora esto no presenta muchos problemas. Pero... ¡andá a combinar las dos cosas, dentro de una misma persona!
Y de ahí salgo yo. Tengo personalidad adictiva y me aburro muy fácil. ¿Todavía no ves el problema? Te lo voy a mostrar con un ejemplo.
Una vez me compré un cd de Bob Marley, un cd que si el sábado viniste a mi cumpleaños escuchaste porque Marquitos lo puso. Es un cd con sus "grandes éxitos", esa tramoya que lanzan las discográficas para vender más discos sin tener que esperar a que los artistas produzcan más obras. En fin; hace bastante tiempo ese cd no era mío, yo iba caminando por la calle cuando entré en un negocio y me lo compré (¿te acordás de ese momento en que todavía comprábamos, muy cada tanto, algún cd?). Llegué a casa, cansada; me saqué las zapatillas, puse el cd, posiblemente tomé un Nesquik mientras lo escuchaba, posiblemente hice un poco de tiempo, porque, en ese momento en el que compraba cds muy cada tanto, todavía no tenía banda ancha y me cobraban cada vez que me conectaba a Internet (sí, dial-up). Y en algún momento de esa tarde el cd terminó. ¿Qué hubieras hecho vos? Supongo que sacarlo y poner otro cd, o la radio, ¿me equivoco? Yo puse play de nuevo. Sí. Y volví a escuchar el cd. Y, aunque te cueste creerlo, cuando terminó de nuevo, volví a apretar el fatídico botón con la flechita una vez más. Estuve así, escuchando el famoso cd de Bob Marley, durante varias semanas. Y un día, como todos los días de esas semanas, llegué a casa, me saqué las zapatillas y puse el cd. Y descubrí que ya no me gustaba. Es más; no sólo que no me gustaba, sino que no podía seguir escuchándolo. Me parecía feo y aburrido. Un cd de Bob Marley, sí. Y no pude escuchar ese cd durante varios -muchos- meses. 
Este ejemplo es sólo un ejemplo tonto. Pero me pasa con miles de cosas. Me pasa con los gustos de helado, con los caramelos que me gustan, con la música que escucho, con las actividades que hago, con los juegos que juego, con las cosas que pienso, y con las personas. ¿Vos sabés lo deprimente que es estar pensando día y noche en alguien (o alguienes, ¿por qué no?), no poder dejar de hacer planes y organizar cosas y pensar "y si..."? Es frustrante cuando te das cuenta de que si no fuera por esa o esas personas, no harías nada durante esos días. Pero eso no es lo peor. Lo peor es cuando te saturás de esa gente. Cuando te volviste tan adicto a esa persona, o esas personas, que ya no las querés ni ver en fotos. 
Pero ahora entra en juego otra hermosa característica de mi personalidad: hay veces en las que me cuesta mucho decir que sí, y hay veces en las que me cuesta mucho decir que no. Y generalmente, casi siempre, se dan al revés de como deberían. Es decir, cuando debería decir "sí" me sale sólo "no" y viceversa. Volviendo a la cuestión de la gente, una vez que me saturé de alguien o alguienes, como decía, no quiero ni verlos en fotos, pero entonces tengo esta maravillosa parte de mí que me dice "no le podés decir que no". Y entonces me dice esta persona x, "¿Querés que vayamos a ..........?" Y yo pienso dentro mío ¡no por favor! y me sale un estúpido "Dale, ¿a qué hora?". 
Es feo no controlar las respuestas. Es feo no saber decir que no. También es feo no saber decir que sí, pero eso es otro tema. El problema con el sí no viene cuando me saturé de la persona en cuestión, el problema es cuando sigo adicta. Me cierro en mí misma y no digo que sí. Y cuando ya no quiero decir que sí y no me preocupa que esas dos letras salgan de mi boca -la S y la I, a esas letras me refiero- es cuando se me complica el no.
A veces dudo si no vivo al revés.
Después de dos segundos lo confirmo y me siento mejor... aunque no debería, ¿o sí? Pero... ¿importa?

Nubes [un paréntesis en medio de este color]

Me pierdo en un nebulosa que no sé explicar; son mis deseos, ¿o serán mis pesadillas? O tal vez son mis miedos...
Me envuelve la nube, me asfixia, espero poder respirar unos cuantos minutos más.
Estoy al lado de toda la gente que quiero, en donde quiero estar; qué lástima que la nube venga a matarme justo ahora que estoy feliz...
Espero poder respirar por algunos minutos más, los suficientes para poder decirles a todas estas personas: quién soy yo, quiénes son ellos, qué relación nos une, y por qué.
Me gustaría poder hablar con cada uno por separado... pero son muchos, así que creo que voy a tener que hacer un discurso generalizado.
Voy a aclararme la garganta.
"Señores", voy a decir, "hola. Tengo una nube que me rodea, no sé si la ven. Quisiera decirle a cada uno quién soy, quiénes son ustedes, qué relación nos une y por qué. Pero no creo tener tiempo. Ustedes son muchos. Por eso voy a decírselo a todos juntos. Soy una simple mujer, que como todos nace y muere. Nací hace mucho, y muero hoy. Pero el tiempo que viví, fue bueno, en parte gracias a ustedes. Y ustedes son gente que, como yo, nacieron y van a morir, pero que, creo, su tiempo es bueno. Espero tener algo que ver con eso. Son gente que fui juntando por la vida y que me fue juntando a mí; que formamos un grupo y acá estamos. No creo en el destino, pero algunos de ustedes sí. Ellos creerán que fue él quien nos juntó. Yo creo que fueron casualidades. Sea como sea, estamos juntos hoy. Gracias", y con eso, una vez dicho, voy a poder dejar que la nube entre por mis pulmones e invada mi corazón.
Pero no llego a decirlo. La nube se va. Desaparece.
No sé por qué se fue, pero me pone contenta que sea así.
Ya no tengo la necesidad de despedirme de toda esta gente porque sé que no estoy muriendo. Pero se me ocurre que puedo decirlo igual. Siempre es bueno saber que a uno lo quieren. Ahora que lo pienso, no iba a decir que los quería. Voy a mencionarlo.
Por eso, lo digo. Lo digo todo. Pero esta vez, voy a hablar con cada uno por separado. Total, ahora tengo tiempo.
"Señores", digo, "los quiero".
Y empiezo a acercarme, despacio, a la primera persona para terminar, horas después, por la última.
Ahora están avisados.

La nube volvió diez minutos después de terminar de hablarles. No me importó morir; ellos sabían mi verdad. Los quería. Los quiero.

Momentos

Hay días y días. Hay días grises, días negros, días rojos, días amarillos, así como hay días de lluvia, días soleados, días nublados... Es algo natural. El ponerles colores es algo mío, pero todos lo sabemos, lo llamemos como lo llamemos: días tristes, días felices, días más o menos, días tranquilos, días eclécticos, días activos; días con energía positiva, días con energía negativa, días con energía creativa; días productivos, días paja, días... y días. Los días pasan, y uno generalmente no lleva el registro de cuáles de sus días fueron grises y cuáles fueron violetas; pero los días son, te des cuenta o no. Y como yo tampoco los registro uno a uno, me pregunto: ¿cómo será el balance de mis días? En un año... ¿cuántos de mis días habrán sido felices? ¿Cuántos habrán sido tristes? ¿Cuántos días habrá llovido y cuántos habrá habido sol? Este blog es también un poco de eso, poder sacar un balance de mis días. O más que de mis días, porque 24 horas es una medida arbitraria, de mis momentos. ¿Te das cuenta de todos los momentos que vivimos? Son muchísimos... ¿podremos contarlos? No creo. ¿Cómo te das cuenta de que termina un momento y empieza el otro? ¿Podés darte cuenta? Yo creo que no se puede... Pero aún así, cada entrada del blog es un momento diferente. Porque entre entrada y entrada pasan cosas diferentes.
Volviendo a lo que me impulsó a escribir, que es básicamente el contraste entre un día y otro, o, mejor dicho, entre un momento y otro, me parece increíble cómo de un instante al siguiente tantas cosas pueden cambiar. Sea porque el auto frenó diez centímetros antes, o diez centímetros después; sea porque justo cuando pasaste por ese bar una columna tapaba a tu novia que estaba con tu mejor amigo, o justo cuando pasaste no los tapaba; sea porque pasaste dos segundos después de que "alguien" levantara el billete de dos pesos de la calle, o dos segundos antes; la cuestión es que, sea en cosas super grosas o en cosas mínimas, muy mínimas, el cambio que generan esas coincidencias que van ocurriendo, sea inmenso o ínfimo, es. Es cambio. Y una vez que algo cambia, cambió. Podrá ser reversible o no. Pero que cambió... ya está hecho. Y son pequeños instantes, encuentros o desencuentros, que si los midiéramos en probabilidades quizás serían de una en cincuenta y cinco mil millones, pero pasan igual. Y son cosas que, mucho o poco, para bien o para mal, te cambian la vida.
No sé qué color tendrá el cambio. No creo que tenga un solo color; el cambio es más como una transición, porque es eso, es cambio. Así que va a ser multicolor. (Pensé en poner una letra de cada color... pero me dio mucha paja).
Me voy a seguir escuchando The Rasmus, y, como bien dijo Manu, relajarme. Después de todo, de alguna manera y como todos nosotros... me lo merezco, ¿no?

De tréboles con cuatro hojas

No soy lo que se dice una mujer con suerte. Más bien me considero bastante yeta. Sea como sea, estaba pensando: ¿quién inventó un concepto tan extraño como la suerte? ¿Qué es la suerte? ¿De qué color sería? Personalmente la encasillaría en el verde, por asociación con el trébol de cuatro hojas. Pero... ¿quién decidió que el trébol de cuatro hojas es símbolo de suerte? ¿Por qué? Y sobre todo... ¿para qué?
Mi conclusión fue que un concepto tan bizarro como el de suerte fue inventado porque era necesario. Porque hay gente que necesita ideas como esa. Si la vida fuera tan lineal... vamos, sería un embole. Conceptos como suerte nos alegran el día, nos hacen tener esperanzas, ilusiones... "Si tengo buena suerte lo veo esta noche". "Tengo buena suerte, me encontré 10 pesos en la calle". Y, por el contrario, cuando pasan cosas malas, es un refugio. "Perdí 100 pesos... Es mala suerte". No es que sos un boludo y no sabés guardar 100 pesos, no. Es la mala suerte. Qué concepto conveniente para gente torpe como yo. "Me golpeé, de nuevo. Mala suerte". Ni hablar de las cosas que son mala suerte pero que convertimos en buena suerte para sentirnos mejor. No, no me expliqué bien, acá va el ejemplo: "Pisé mierda, uh, buena suerte".
Es curioso. Yo decía que la suerte nos hace esperanzar... El verde es el color de la esperanza. ¿Tendrá algo que ver, o será pura coincidencia? Sea como sea... no me siento verde ahora, pero esta nota es definitivamente, verde.

Después de todo la vida es siempre azul

Esta es la segunda entrada del día. Tenía pensado hacer una por día, o mejor dicho, una por humor, porque como quizás ya adivinaste, los colores van a representar mi estado de ánimo.
Pero, después de publicar la entrada anterior, empecé a darme cuenta de un par de cosas.
Primero que nada, el azul no es sólo mi color favorito como dije antes. El azul es casi mi estilo de vida. Primero vayamos a lo físico: amo la ropa azul, y dentro de la poca ropa que tengo, mucha es de ese color; en mi baño hay 4 cepillos de dientes, 2 están por mí y otros 2 por mi mamá: los 2 que están ahí por mí, son azules. Además, tengo un desodorante azul, una crema azul, un bloc de notas azul, en este momento tengo puesto un buzo azul, y demás cosas que me hicieron dar cuenta de eso: el azul es mi estilo de vida.
Ya si voy a mi "estilo de vida" propiamente dicho...
Bueno, ayer estábamos jugando a que estábamos en un grupo de autoayuda cuyo tema era la melancolía. (Sí, yo juego cosas raras, ¿y qué?) Cuestión que mi "personaje" se llamaba Sofía y, casualmente, era adicta a la melancolía. ¿Viste cuando dicen que todo chiste encierra una verdad? Yo creo que está mal hecha la generalización "todo chiste", pero sí es cierto que la mayoría se dicen por algo que es cierto. Y creo que con los juegos pasa igual. Todo esto viene a cuento por lo siguiente: creo que yo, como persona y no sólo como personaje de un juego jugado cuando todos estábamos limados a las 4 de la mañana, soy adicta a la melancolía. Pensalo así: no puedo estar contenta por más de media hora, porque me agota. Y tengo la teoría de que en mi subconsciente, cuando estuve contenta por mucho tiempo, se activa la tristeza, y me pinta el bajón. Yo tengo la teoría de que mi subconsciente es adicto a la melancolía, a la tristeza.
Yo lloro muy fácilmente. Un día alguien me dijo "te quiero" y eso me hizo llorar. No, es en serio. Creeme que es verdad. Mi cabeza encuentra razones para llorar muy seguido, mucho más seguido de lo que yo quisiera. A mí no me gusta llorar, me hace sentir impotente, vulnerable, frágil, y, por qué negarlo, tonta. Además del hecho de que sé que cuando la gente real llora no se ve como en las películas. A nosotras, las mujeres reales, cuando lloramos se nos corre el maquillaje, se nos ponen los ojos rojos, la boca se nos tuerce en una mueca espantosa, los agujeritos de la nariz nos flamean, y los hombros se contorsionan casi rítmicamente con unos espasmos que nunca entendí de dónde salen, si del pecho, de los hombros, de la espalda, o de dónde. Por todo esto, no me gusta llorar. O mejor dicho, no me gusta que me vean llorar. No me gusta que alguien sepa que estoy llorando. No me gusta estar triste... Pero creo que si vamos a mi cerebro físico, y no a mí, como persona, escribiendo esto, la historia es otra. ¿Sabías que la gente se puede volver adicta a la depresión? Si bien no me gusta que alguien sepa que estoy llorando, o que alguien me vea llorar, cuando lloro sola es distinto. Obviamente, mientras estoy llorando lo único que deseo es ser feliz y que toda esta yeta se le pase a otra persona porque yo ya me cansé, no sé si es que yo pido demasiado, o que soy muy torpe y arruino todo, o si simplemente existe un dios, y me detesta; no sé cómo es la cosa, lo que sí sé es que al final, las cosas nunca salen como yo quiero, y mientras lloro también quiero dejar de llorar porque las lágrimas me molestan, los ojos me arden, la nariz también, me estoy por terminar otro rollo más de papel higiénico, y encima si suena el teléfono cómo disimulo esto, la voz quebrada, la nariz tapada... En fin, mientras lloro, todo lo que quiero puede resumirse en "dejar de llorar". Pero... cuando todavía no estoy llorando, y siento esa sensación de que "estoy por", lo único que deseo es empezar a llorar de una vez. No viene a mi mente el querer estar contenta en ese momento, sólo querer llorar. Por esto afirmo una vez más: que creo que soy adicta a la depresión, que a fin de cuentas es hermana de la melancolía.
Habiendo dicho esto, me retiro a seguir escuchando Incubus y posiblemente a jugar un juego de Carta Blanca, mientras tengo la esperanza de que milagrosamente "algo" me haga descubrir lo que no sé: qué coños hacer con mi vida.

Películas clase b

Para escuchar la canción que se identifica con mi día, hacé clic acá.

Hoy me siento azul.
¿Por qué no? El azul es mi color favorito. Y además hoy me siento triste.
En inglés, para decir que están tristes, dicen "I'm feeling blue" (literalmente, me siento azul). Entonces, ¿por qué yo no voy a decir que me siento azul? Sí, señores. Hoy me siento azul.
Dicen que el color azul es un color melancólico. También dicen que representa serenidad. Y yo me pregunto, ¿qué tanto tiene que ver la melancolía con la serenidad? No voy a negar que están relacionadas, pero, ¿qué tan relacionadas están? Yo, por ejemplo, hoy estoy melancólica, pero no me siento serena.
Decía que me siento melancólica; de hecho, mi cabeza parece una película de clase B, donde por la mente del protagonista pasan flashes felices de su vida, con una música lenta de fondo, preferentemente donde el amor de su vida está al sol, riendo a carcajadas y con el pelo al viento, y de repente, pum, pasan los flashes tristes, donde empieza a sonar música de violines y las escenas aparecen muy iluminadas, casi que molesta verlas. Así está hoy mi cabeza, dándome vueltas, dándole vuelta a los hechos, sin entender y sin animarse a intentar entender.
Más allá de mi tristeza, aquella tristeza que hoy me hace decir que me siento azul, yo creo que las vidas de todos nosotros son un poco como una película. Tienen sus momentos de película de acción, cuando, por ejemplo, corremos el colectivo y sentimos que no llegamos y ah falta una cuadra y nos duelen las piernas y corremos y tenemos miedo de que la mochila esté abierta y que se nos caiga algo a la calle y de repente UF lo alcanzamos y pedimos el boleto, agitados y con una gran sonrisa. En esos momentos, mientras corremos, sonaría rock, por ejemplo. Otros momentos son de comedia romántica, cuando, por ejemplo, le das un beso a alguien y te quedás mirándolo a los ojos y pensás "¿Realmente me está pasando esto?" y le decís algo cursi, y te responde algo cursi, y los dos sonríen y se siguen besando. Para este tipo de escenas, la música de piano es la favorita. Y después tenés los momentos de drama, cuando viene ese bombón al que besabas en la escena anterior (el de la parte de comedia romántica, ¿te acordás?) y te dice algo así como que... te quiere... pero no puede seguir con vos... porque... (y esta parte nunca la entendés)... y te pide perdón, y vos quizás llores, o no, y quizás él llore, o no, y quizás te vas corriendo sin decir nada, o quizás te quedás horas mirando fijo el último lugar donde lo viste después de que te dijo eso, o quizás le decís alguna frase hecha, como "Ok, no te preocupes, voy a estar bien" o alguna otra boludez así y te vas a tu casa y por cuatro días tu rutina pasa a ser levantarte - llorar - lavarte los dientes - llorar - desayunar - llorar - volver a la cama - llorar - mirar fotos viejas - llorar - seguir llorando - atender el teléfono, intentando disimular las lágrimas, que te pregunten "¿estás bien?" y zafar de alguna manera milagrosa de tener que explicar que te quiere pero te dejó porque no puede estar con vos por algo que no entendiste pero que vos igual vas a estar bien, para volver a tirarte en tu cama a llorar un rato más - y para cuando te das cuenta de que estás llorando mucho... vas a hacer la cena, porque ya es de noche, y llorás mientras comés, y te acostás llorando. Para estas escenas, la música por excelencia es toda la música que tiene buenos bajos, sea en el instrumento que sea, si tiene buenos bajos y un tempo lento, muy lento, sirve. 
Sí, escribí mucho sobre la parte de drama... ya aclaré que estoy triste.
Ahora me voy a seguir intentando descubrir qué hacer con mi vida.