viernes, 25 de junio de 2010

My very own little way to happiness

Mi día fue una búsqueda, básicamente.
Fue buscar estar feliz sin llegar a estarlo, pero pasándole tan cerca que casi ni noté la diferencia. Es raro, esto de la felicidad. Uno no sabe si existe. O mejor dicho, uno sabe que la felicidad absoluta no existe. Porque nunca va a estar "todo" bien, nunca te vas a tomar "todo" de la mejor manera. Nunca vas a ser feliz, y aunque sigas queriendo creer que sí... En el fondo sabés que es imposible. Ojo, no digo que la gente no sea "feliz", lo que digo es que la felicidad a la que podés aspirar es a esa, entre comillas, porque podrá ser felicidad pero jamás absoluta. Y aún así, te pasás la vida queriendo más, luchando con todo para conseguirla, a ella, radiante, el objetivo máximo del ser humano: la felicidad absoluta. ¿No es ridículo, sabiendo que no vas a conseguirla, seguir intentándolo? No digo que esté mal intentar estar mejor. Pero todo tiene su límite. Sería hora de que en lugar de intentar estar mejor, nos pusiéramos a estar bien, lisa y llanamente bien, con los momentos copados que tenemos y sin aspirar a un estado casi divino al que sabemos que no vamos a llegar. Porque, aceptémoslo, somos humanos. No podemos aspirar a la perfección; está tan fuera de nuestro alcance que cuesta imaginarlo. Aún así, ser humanos también implica que tropezamos no sólo dos, sino incontables veces con la misma piedra. Por lo cual... ni siquiera tiene sentido estar escribiendo esto, porque sé que apenas termine de subir esta entrada al blog voy a seguir con lo mío, es decir, intentando construir mi propio camino a ese estado de éxtasis al que los simples mortales solemos llamar felicidad.
Volviendo a mi día, fue verde manzana. Ese que busca ser amarillo, aunque disfruta siendo verde. Por eso en conclusión, no fue un mal día.
Y ahora me voy a seguir escuchando No te va a Gustar, y a ver si me pongo las pilas, junto todo y salgo temprano, que estoy con muchas ganas de bailar. 

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