martes, 29 de junio de 2010

Papel y lápiz

Es raro escribir. Cuando encuentro a una persona que escribe, me resulta muy lindo. Saber que no soy la única loca que plasmo mis ideas en papel, o en este caso, en un código bizarro de ceros y unos. Pero además es raro. Es raro porque, primero que nada, hasta que no leés a una persona no podés siquiera imaginar qué cosas escribe. Además, cada persona tiene otra manera de documentar pensamientos. Están los grandes géneros, claro: gente que escribe poesía, novelas, obras de teatro, ensayos, cuentos, o delirios como hago yo. Pero dentro de un mismo género, y con la misma temática, aún así... Varía increíblemente de una persona a la otra. 
Cuando hablás con una persona conocés su forma de pensar: podés ver qué palabras usa, si habla rápido o despacio, el tono de su voz, qué cosas está contando, sus gestos, etc. Y esa es la manera en que se organizan sus pensamientos. Pero cuando leés lo que alguien escribió, estás leyendo la manera en que ese alguien quisiera que se organizara su mente. Porque al escribir revisás lo que pusiste, lo vas cambiando, perfeccionando, hasta que estás satisfecho con lo que hiciste. En cambio cuando hablás, generalmente decís lo primero que te viene a la mente. No es algo que planées, al menos no tanto como al escribir. Pero cuando plasmás tus ideas por escrito para que alguien más las lea... Estás descubriendo lo más profundo que tenés, y que son tus deseos. La forma en que te gustaría pensar. 
Y eso es conocer a alguien. Podrás saber mi color favorito, pero si no conocés mis deseos (y me refiero a deseos grosos, no de qué color quiero pintarme las uñas mañana a la tarde) no me conocés en absoluto. No quiero decir que no conozcas a una persona hasta que no leas lo que escribió; puede contártelo, por supuesto, y es lo que la mayoría intenta hacer. Pero que ayuda, ayuda. Y cómo.

viernes, 25 de junio de 2010

My very own little way to happiness

Mi día fue una búsqueda, básicamente.
Fue buscar estar feliz sin llegar a estarlo, pero pasándole tan cerca que casi ni noté la diferencia. Es raro, esto de la felicidad. Uno no sabe si existe. O mejor dicho, uno sabe que la felicidad absoluta no existe. Porque nunca va a estar "todo" bien, nunca te vas a tomar "todo" de la mejor manera. Nunca vas a ser feliz, y aunque sigas queriendo creer que sí... En el fondo sabés que es imposible. Ojo, no digo que la gente no sea "feliz", lo que digo es que la felicidad a la que podés aspirar es a esa, entre comillas, porque podrá ser felicidad pero jamás absoluta. Y aún así, te pasás la vida queriendo más, luchando con todo para conseguirla, a ella, radiante, el objetivo máximo del ser humano: la felicidad absoluta. ¿No es ridículo, sabiendo que no vas a conseguirla, seguir intentándolo? No digo que esté mal intentar estar mejor. Pero todo tiene su límite. Sería hora de que en lugar de intentar estar mejor, nos pusiéramos a estar bien, lisa y llanamente bien, con los momentos copados que tenemos y sin aspirar a un estado casi divino al que sabemos que no vamos a llegar. Porque, aceptémoslo, somos humanos. No podemos aspirar a la perfección; está tan fuera de nuestro alcance que cuesta imaginarlo. Aún así, ser humanos también implica que tropezamos no sólo dos, sino incontables veces con la misma piedra. Por lo cual... ni siquiera tiene sentido estar escribiendo esto, porque sé que apenas termine de subir esta entrada al blog voy a seguir con lo mío, es decir, intentando construir mi propio camino a ese estado de éxtasis al que los simples mortales solemos llamar felicidad.
Volviendo a mi día, fue verde manzana. Ese que busca ser amarillo, aunque disfruta siendo verde. Por eso en conclusión, no fue un mal día.
Y ahora me voy a seguir escuchando No te va a Gustar, y a ver si me pongo las pilas, junto todo y salgo temprano, que estoy con muchas ganas de bailar. 

jueves, 24 de junio de 2010

Adjetivos

Auténtica, visionaria, libre, apasionada, audaz, complicada, sarcástica, locuaz, nerviosa, histérica, loca, cariñosa, malhablada, bruta, torpe, pícara, exigente, sincera, impulsiva, atrevida, sinvergüenza, peculiar, exagerada, enamoradiza, idealista, ecléctica, espástica, violenta, agresiva, ambiciosa, especial, franca, abierta, graciosa, patética, humana, mimosa, neurótica, despierta, pesimista, depresiva, lanzada, orgullosa, racional, descuidada, descarada, olvidadiza, colgada, gritona, sencilla, ñoña, bipolar, nerd, independiente, única, efervescente, volátil, inexperta, cambiante, inconstante, cosmopolita.
Y FELIZ.

Se aceptan sugerencias para completar la lista.

miércoles, 23 de junio de 2010

Loveself

"L'amour, hum hum, j'en veux pas
J'préfère de temps de temps
Je préfère le goût du vent
Le goût étrange et doux de la peau de mes amants,
Mais l'amour, hum hum, pas vraiment"

("El amor, hum hum, no lo quiero
Prefiero cada tanto
Prefiero la gota de viento
La gota extraña y dulce de la piel de mis amantes,
Pero el amor, hum hum, no realmente")

Hablando con Alex sobre el amor a raíz de esta canción, saqué varias conclusiones, cosas que antes estaban implícitas, que ya sabía, pero que por alguna u otra razón no ponía en palabras. 
La gente suele creer que el amor implica sufrimiento. Esto tiene que ver con un concepto social del amor, que no tiene nada que ver con el amor "puro", "limpio". En palabras de Alex, "no puede haber nada malo en desearle lo mejor a alguien, en querer sinceramente a una persona". El problema es el concepto que se tiene de amor. Se lo suele asociar al compromiso y a las exigencias, a las idealizaciones y al egoísmo. Dentro de este concepto social del amor (que, admitámoslo, todos tenemos; lo venimos respirando desde el momento en que nos cuentan el cuento de la princesa bonita y el caballero valiente), la fidelidad es un valor indispensable, así como la entrega, la resignación, el sufrir por el otro. Y sí, la solución parece fácil: buscar gente que no tenga estas limitaciones con respecto al entendimiento del amor. Pero realmente se complica, en esta sociedad en la que las relaciones deben ser bipersonales. Creo que Carla Bruni en su canción L'amour plantea justamente eso: que sólo es capaz de querer a sus amantes porque ellos no le exigen nada a cambio, no la agobian con los temas pesados de las relaciones sino que simplemente se dedican a disfrutar de lo bueno sin buscar nada más. Ahí está la libertad del amor. Porque amor es libertad.
Creo que el egoísmo en el amor nace del concepto social que se tiene de él. ¿Por qué tendría que molestarme que la persona a la que amo esté con otra persona? ¿Significa eso que no me quiere? ¿Por qué? ¿No se puede separar el sexo del amor, la pasión del cariño? Si bien una parte del amor es por naturaleza egoísta, y es que si amás a alguien vas a querer que también te ame... ¿qué otra exigencia está implícita en el sentimiento? ¿Hay alguna? No para mí. 
Todo esto me hizo pensar que el concepto de egoísmo también es actualmente, a mi entender, errado. El egoísmo conlleva una carga negativa que nosotros le damos. Pero que no trae de fábrica: es la pintura que nosotros le ponemos para distinguirlo más fácilmente del deseo. En mi concepción, todos nuestros actos son egoístas. Y muchos me han discutido que la Madre Teresa de Calcuta no era egoísta. Y yo respondo: era egoísta al punto que era un ser humano, porque el egoísmo es lo primero que adquirimos; después viene el resto. La Madre Teresa se sentía bien sacrificándose por los demás. Se sentía tan bien haciendo eso que decidió dedicarle su vida. Persiguiendo su propio bienestar personal, arrastró en su camino el bienestar de muchas otras personas. Pero yo te aseguro que si a ella la hubiera llenado de placer (de la misma manera que la hacía feliz ayudar a los demás) cazar zorrinos, se hubiese dedicado a cazar zorrinos. No me cabe duda. El egoísmo es, después de todo, nuestro motor: es lo que nos impulsa a estar mejor, o al menos a intentar mejorar. Es por egoísmo que queremos a los demás, también (¿por qué querés a tus amigos si no es porque te hacen sentir bien, porque son geniales, porque es bueno tenerlos cerca tuyo, etc.?).

Colaborador: Fara


Con los párpados por el piso y el orgullo por las nubes, ahí te dejo pensando.

Apasionarme me apasiona

Rojo. Rojo como la vida, como el fuego, como la sangre, como la pasión. Rojo como la fuerza que me impulsa hacia adelante, como el camino que elegí seguir hoy, como las rosas rojas que los hombres cursis les regalan a sus (¿afortunadas?) enamoradas. Fue un día apasionado y sin saber siquiera por qué. Lo que sí sé es que de repente me entraron ganas de vivir, de poder, de hacer mucho, pero no eran esas ganas efervescentes características de un día verde manzana o amarillo. Eran ganas profundas, ganas sentidas. No eran sólo ganas de "hacer", eran ganas de apasionarme sintiendo que hago lo que deseo. Sí, así de largo. Y qué bien me sentía. Porque cuando las ganas de algo se apoderan de mí con tanto ímpetu, con tanta fuerza, realmente se hacen notar. Da gusto un día tan rojo.

martes, 22 de junio de 2010

Subjetiva

¿Qué escondés? ¿Qué temés mostrar?
¿A quién idealizás?
Hoy camino y te veo y lo que veo no me gusta.
Yo también idealizo, lo sé.
Para bien y para mal, todos lo hacemos, lo hicimos.
Y lo seguimos haciendo.
Pero ¿por qué?
¿Necesito este filtro de subjetividad? ¿Por qué no puedo elegir no tenerlo?
¿Por qué no puedo elegir ver las cosas sin teñirlas de mí?
Tuve un punto de vista y con el tiempo lo cambié.
¿Y qué pasó con el primero?
¿Cambió? ¿O siempre fue cambio?
Si yo soy el cambio, ¿cambio todo lo que toco?
¿O lo que toco me cambia a mí?

¿Cambia algo si te miro, si me mirás?

DESIDERATA

Go placidly amid the noise and the haste,
and remember what peace there may be in silence.
As far as possible, without surrender, be on good terms with all persons.
Speak your truth quietly and clearly; and listen to others,
even to the dull and and the ignorant; they too have their story.
Avoid loud and agressive persons; they are vexatious to the spirit. 
If you compare yourself with others, you may become vain or bitter,
for always there will be greater and lesser persons than yourself.
Enjoy your achievements as well as your plans.
Keep interested on your career, however humble;
it is a real possession in the changing fortunes of time.
Exercise caution in your business affairs, for the world is full of trickery.
But let this not blind you to what virtue there is; many persons strive for high ideals,
and everywhere life is full of heroism. 
Be yourself.
Especially do not feign affection. Neither be cynical about love,
for in the face of all aridity and disenchantment, it is as perennial as the grass.
Take kindly the counsel of years, gracefully surrendering the things of youth. 
Nurture strength of spirit to shield you in sudden misfortune.
But do not distress yourself with dark imaginings. 
Many fears are born of fatigue and loneliness.
Beyond a wholesome discipline, be gentle with yourself.
You are a child of the universe no less than the trees and the stars;
you have a right to be here. 
And whether or not it is clear to you,
no doubt the universe is unfolding as it should. 
Therefore be at peace with God, whatever you conceive Him to be.
And whatever your labors and aspirations, in the noisy confusion of life, 
keep peace in your soul.
With al its sham, drudgery, and broken dreams, it is still a beautiful world.
Be cheerful.
Strive to be happy.

domingo, 13 de junio de 2010

Coffee and TV

Hay días para hacer cosas y hay días para quedarse adentro, calzarse las medias de lana y sentarse a escribir o a ver fútbol. Un día gris, en mi opinión, es de los segundos. No es que el fútbol me parezca gris (de hecho me encanta), es la actitud de encender el televisor para "ver qué hay". No hay nada más deprimente que ponerse a ver qué hay, porque ahí descubrís la cruda realidad: no hay nada para ver. Y tampoco hay nada para hacer. ¿Qué se hace un domingo? Un domingo es gris. Gris como el cemento, como las cenizas, como la monotonía y lo que ya fue.
El gris es repetitivo, mecánico, rutinario. No me gustan los días grises.

miércoles, 9 de junio de 2010

Runaway

Correr es una terapia. Es dejar todo atrás, y a la vez es acercarte cada vez más a algo. Es tanto soltar como abarcar. Es conservar y dejar ir, en su forma más pura, menos contradictoria, más natural. 
Cuando corro, pero cuando corro en serio, cuando el mundo se vuelve borroso y lo único que veo es el objetivo, porque lo demás se mueve a una velocidad vertiginosa, me siento libre de verdad. Siento que soy yo, y a la vez siento que soy todo. Soy todo lo que puedo, soy todo lo que quiero ser. Corro, o más que corro, vuelo. Miro, pero no veo. Y veo, pero no miro. Cuando corro, todo se detiene y todo se acelera. Se detiene mi vida, se detiene el tiempo, se detienen mis pensamientos. Pero a la vez, el tiempo y la distancia pasan más rápido, y pienso con más velocidad que antes, y hasta con más claridad. Y a pesar de que cuando voy corriendo las cosas a mi alrededor se ven borrosas, dentro de mi cabeza todo toma forma, y los límites se definen, y las líneas se ven nítidas, separan y contienen y son, en definitiva, lo que deben ser: líneas, en lugar de manchas confusas. Todo esto pasa mientras corro. Por eso digo que correr es blanco y negro, pero a la vez es amarillo. Por eso, por única vez, voy a clasificar una entrada con dos etiquetas a la vez. Porque sí, es blanco y negro, es claridad y definición del pensamiento, es objetivación, pero a la vez es amarillo, es euforia, es una explosión de vida que me impulsa a seguir corriendo.
Está bueno correr. Pero no hablo de trotar. Hablo de picar, de dejarlo todo, de superarte a cada paso y sentir que no podés ir más rápido, y a cada pisada descubrir que sí podías. Es una sensación tan real como reconfortante. Es la magia de la velocidad.

sábado, 5 de junio de 2010

Todos tus muertos

Es curiosa la vida. Y así también es curiosa la muerte. Pero no hablo de la muerte como el fin de la vida de uno, sino como un suceso que se vive. No, no fui clara: me refiero a cuando, por ejemplo, se te muere alguien cercano. A todos nos pasó alguna vez (y sino, o estás muy solo o tenés demasiada suerte, hermano). Pero a lo que voy es a que nunca sabés cómo tomarlo. Hoy caí en una crisis, y una de las cosas que me puso mal es que extrañaba a mi abuelo. Mi abuelo Carlos murió hace más o menos tres años, creo. Tuve tiempo de asimilarlo, me lo tomé de la mejor manera posible, y no lloré mucho. Pero hoy, después de mucho tiempo de no llorar por él (y quiero aclarar que no es que no lo haya extrañado), me cayó la ficha (como tantas veces): no está más. Nunca más un abrazo, nunca más bailar juntos, nunca más un reto, nunca más una felicitación, nunca más un saludo, nunca más mi abuelo Carlos. Lo que queda de él son fotos, palabras, recuerdos, objetos, sensaciones, sentimientos. Pero él, ya no más. Y fue el cumpleaños de mi abuela. Yo no sé si eso tendrá algo que ver con que el recuerdo de mi abuelo bailando conmigo me hiciera tanto mal; más que el recuerdo, la certeza de que nunca va a repetirse. Yo no sé por qué hoy crisis. Sólo sé que crisis al fin.

Fue un día azul, azul como pocos: me dolía la cabeza, tenía el estómago revuelto, y no podía parar de llorar. Y muchas cosas me hicieron pensar en muchas otras cosas. Fue un día de reflexionar, sobre mí, sobre mi vida, sobre qué carajo estoy haciendo con mi vida. Y no me gustó la conclusión. Estoy aferrada a personas más volátiles que una pluma, a cosas que se vuelan con el viento. No sé a dónde quiero ir, pero eso no es lo más grave. Lo más grave es que ni siquiera sé hacia dónde estoy yendo. No sé qué quiero pensar, qué quiero hacer, y no sé por qué hago lo que hago o por qué pienso lo que pienso. Y si nunca te pasó, permitime decirte que es una sensación de mierda. Es sencillamente estar andando en auto, sólo que con un pequeño detalle: no sabés ni dónde está el volante, ni dónde está el freno. Y por más que busques no los encontrás. Sí, podrás decirme, es fácil: buscás el manual del auto. ¿Querés las malas noticias? (Claro que no las querés, pero voy a dártelas igual.) La vida no viene con manual. Las personas tampoco. Si hubiese un manual de mí misma, claro que vivir sería fácil. Aunque por otro lado... ¿cuál sería la diversión?
A lo que voy es a que que se te muera alguien es una cagada. Siempre. Es lo más natural, es la única certeza que tenés: la muerte. Y aún así, todavía no aprendés a convivir con ella, y la llorás siempre que aparece. ¿Por qué no podés tomarla como un hecho más en la vida? Esa persona, claro, no está más. Sí, la vas a extrañar. Pero no es para tanto. A fin de cuentas, vos también te vas a morir; pero hasta que eso pase podrías disfrutar a las personas que te quedaron vivas en vez de llorar a tus muertos. Es mi humilde opinión. Y ojo, sí, es una crítica, pero es una crítica que intenta ser objetiva e imparcial, ya que, después de todo, también estoy juzgando mi propia actitud.
Y ahora me voy a seguir escuchando Red Hot Chili Peppers, posiblemente después a leer, y luego dormir, que tanta falta me hace últimamente.

martes, 1 de junio de 2010

Hay que salir al sol

En esencia es una frase simple, pero realmente encierra una gran verdad. ¿Qué extraña magia será? La que hace que querer a alguien, sea desear que te quiera, sea hacer lo (im)posible por causarle una sonrisa. Que sentir que alguien te importa hace instantáneamente que su felicidad sea importante. Porque cuando querés (o al menos cuando querés sanamente) no te alcanza con que el otro esté cerca tuyo; necesitás que esté cerca tuyo por su propia voluntad. Querés que te quiera de la misma forma y con la misma intensidad que vos. 
Hoy no fue un mal día. Compré y armé el regalo para un amigo (y me sentí muy bien al hacerlo, esto de regalar te hace sentir muy buena persona), vi a una amiga, y, aunque a la mañana tuve un momento de bajón (muy bajón, en realidad), la tarde lo remontó. Salir a la calle hace bien. Lo digo en serio. Cuando estoy deprimida y me quedo en casa, termino deprimiéndome más por el simple hecho de que no estoy haciendo nada para des-deprimirme. Pero salir a la calle despeja: es el aire pegándome en las mejillas, es el cielo que se refleja en mis ojos, es el cielo que se refleja en los ojos de los demás. Es la vida, que se mueve por las calles, y lo invade todo. Es el sonido de una carcajada, es el ladrido de un perro, es la voz de una señora viejita que agradece a alguien que le cedió el asiento en el colectivo, es ese par de ojos del que no podés desclavar tu mirada, es la música que se escucha desde adentro de un negocio; son los colores de las golosinas en el kiosco, es la dinámica de la gente caminando, corriendo, apurándose o haciendo tiempo, paseando, mirando, saltando charcos o protegiendo sus ojos del sol. Es la ciudad, que con su movimiento me saca de mi letargo y me obliga a andar. 
Por eso no voy a dejar que el gris de mi mañana tiña mi día entero, que merece ser verde manzana. Sí, verde manzana. Como lo es una parte del papel que envuelve el regalo de Gon.