jueves, 20 de mayo de 2010

¿Qué ves cuando me ves?

Hoy iba caminando por la calle cuando de repente me di cuenta de algo espantoso. Nunca voy a poder saber cómo me veo. Desde afuera, digo. Porque puedo verme en una foto, o en el espejo. Pero no hay manera de abstraer mi mirada de mi persona al punto de saber cómo soy a través de los ojos de los demás. Y eso siempre me mató de curiosidad. Creo que a todos nos pasa. ¿O no? ¿No te intriga saber qué piensa la gente cuando te ve pasar? ¿Cómo te ves cuando te vas de algún lado? ¿Cómo son tus expresiones cuando abandonás la fría seguridad del espejo? 
Quiero saber cómo soy cuando me muevo, cuando hablo, cómo se ve mi pelo cuando camino, qué forma toma mi espalda cuando no estoy consciente de ella. Cómo se curvan mis hombros cuando escribo, cómo se arquea mi cuello cuando leo algo, cómo se mueven mis pies cuando camino, de qué espástica manera mis brazos van flameando, intentando seguir mi ritmo, cuando corro. Quiero verme reír, quiero verme llorar, quiero verme ser. Quiero verme.
También quiero escucharme. Quiero saber cómo suena mi voz cuando cuento algo que no me importa demasiado, cómo resuenan mis gritos, cómo se escuchan mi risa y mi llanto, cómo vibra el aire cuando hablo a mil por hora. 
Me gustaría salir de mi cuerpo y conocerme. Observar todas esas cosas que quiero saber de mí, y que no puedo notar desde adentro. En mi opinión, eso es lo más copado de ser actor. Que podés verte: podés verte caminar, podés verte reir, podés verte correr, cantar, mimar, llorar, sentarte, saltar, ser la más santa o la más hija de puta. Podés conocerte desde una óptica que de otra manera no alcanzarías nunca. 
El espejo es un buen amigo en ese sentido. A través del espejo, sé exactamente cuál es mi color de ojos, conozco la forma de mi boca, veo el ángulo de mi nariz, el tamaño de mis cejas. Pero yo creo que la mejor manera de verte a través de los ojos de los demás, es buscarte en su mirada. Cuando la gente te mira hay muchas cosas que cambian según la impresión que causás. Está en cada uno ser más o menos perceptivo con ese tipo de cosas. Yo a veces percibo bien esas pequeñas "señales": los ojos se abren más o menos, las pupilas se dilatan o achican, la cabeza se tuerce o se endereza, los brazos se acercan o se alejan de vos. La boca dibuja muecas de acuerdo con la sensación que le provocaste a esa persona. Ok, no es tan alevoso como lo describo. De hecho, me cuesta muchísimo y la mayoría de las veces termino pensando cualquiera. Además, no es una fórmula matemática, no me paso la vida observando las pupilas, los brazos y los labios de la gente; es más que nada una impresión. Pero es que esas cosas que dice la Cosmo sobre lenguaje corporal, después de todo, son un poco ciertas. El cuerpo habla. Y la mirada también.
Sólo espero que mi mirada no sea tan transparente como la que busco en los demás. Sería como un libro abierto, y eso no sé hasta qué punto es copado; es lindo saber lo que el otro piensa con sólo mirarle la cara, pero también está bueno el misterio.
Y ahora me retiro a dormir una siesta, que es algo que cada vez odio un poco menos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario