domingo, 16 de mayo de 2010

La teoría de los mundos propios

Te acordarás (o no, por eso lo repito ahora) que empecé el día diciendo que me sentía azul. Azul porque estaba triste. Aunque no lo creas, ahora me siento amarilla. Amarilla por feliz, por eufórica, por dinámica, por libre.
Porque sé que hoy, como siempre, como nunca, puedo estirar las alas, y puedo elegir hasta dónde llegan, y hasta dónde llego yo, y sí, hay quien dirá que estoy loca, pero sí, puedo volar. El mundo es mío. Siempre lo fue. Tengo la teoría de que el mundo es de cada uno. Muchas veces dejo de avalar esta teoría dentro de mí, porque es un poco solitaria. Es algo como: mi mundo es mío. El mundo de cada uno, es de cada uno. Yo creo que nadie existe, sólo yo, y el mundo es una construcción mía. Ahora; no es que yo sea la única que hay ni mucho menos. Yo creo que esto es lo que va haciendo cada uno. Cada uno está solo en el mundo. Cada uno es el único que existe. Y esas realidades se van superponiendo, y de repente surge esta realidad en la que todos estamos metidos. Pero a la vez, en la que nadie existe si no es solo. Aún con la ilusión de que hay un "resto del mundo". No sé si creo que esto sea verdad; de hecho, no creo que lo sea. Pero es una teoría, y si no pruebo que está mal, no tengo por qué decir que esté mal. Es sólo una idea. 
Volviendo al principio, te conté esta teoría que tengo porque te dije que tengo alas, que soy libre y puedo estirar mis alas y salir volando. Y lógicamente, no te lo estoy diciendo en el sentido literal, pero eso no quita que sea cierto. Todos podemos volar, las alas están ahí; sólo hay que aprender a verlas. Puedo salir a la calle y adueñarme de lo que yo quiera. Si veo un auto que me gusta, entonces va a ser mío; y si un perro mueve la cola, voy a copiar esa vida; y si alguien me llama la atención, puedo hablarle, puedo quedármelo. Puedo, porque digo que puedo. Y creo que ese es el secreto para sentirse amarilla. Porque amarilla equivale a eufórica, y este tipo de poder produce eso: euforia. La euforia de ser dueña del mundo. Pero no dueña de esas que van a salir a explotar todo lo que hay en la superficie de la Tierra; porque me gusta mi mundo y quiero cuidarlo. Soy dueña del mundo, porque decido que es mío. Hoy lo decido. Hoy te lo cuento. Y espero que estés de acuerdo conmigo, que así como yo soy dueña de este mundo, este mundo desde el que estoy escribiendo en este momento, vos sos dueño del tuyo. Podés escribir, podés tejer medias de lana, podés salir a caminar o ponerte a tomar sopa con pajita. Es tu mundo, aprovechalo: todo está permitido, porque tus reglas las ponés vos.
Yo, me voy a poner mis reglas. Y a encarrilar esta euforia. 

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