Tengo personalidad adictiva. Y eso es un problema. Ya no importa a qué; me hago adicta a las cosas, a las personas, a los olores, a las sensaciones, a los colores... Me hago adicta. Y, para rematarla, me aburro muy fácilmente. Es difícil que yo termine algo que empecé; siempre encuentro algo mejor que hacer cuando estoy por la mitad, y en eso queda todo: en una mitad incompleta, en un pedazo de algo que espera que lo terminen, en una idea, un proyecto, un esquema, un plan. Ahora bien; hasta ahora esto no presenta muchos problemas. Pero... ¡andá a combinar las dos cosas, dentro de una misma persona!
Y de ahí salgo yo. Tengo personalidad adictiva y me aburro muy fácil. ¿Todavía no ves el problema? Te lo voy a mostrar con un ejemplo.
Una vez me compré un cd de Bob Marley, un cd que si el sábado viniste a mi cumpleaños escuchaste porque Marquitos lo puso. Es un cd con sus "grandes éxitos", esa tramoya que lanzan las discográficas para vender más discos sin tener que esperar a que los artistas produzcan más obras. En fin; hace bastante tiempo ese cd no era mío, yo iba caminando por la calle cuando entré en un negocio y me lo compré (¿te acordás de ese momento en que todavía comprábamos, muy cada tanto, algún cd?). Llegué a casa, cansada; me saqué las zapatillas, puse el cd, posiblemente tomé un Nesquik mientras lo escuchaba, posiblemente hice un poco de tiempo, porque, en ese momento en el que compraba cds muy cada tanto, todavía no tenía banda ancha y me cobraban cada vez que me conectaba a Internet (sí, dial-up). Y en algún momento de esa tarde el cd terminó. ¿Qué hubieras hecho vos? Supongo que sacarlo y poner otro cd, o la radio, ¿me equivoco? Yo puse play de nuevo. Sí. Y volví a escuchar el cd. Y, aunque te cueste creerlo, cuando terminó de nuevo, volví a apretar el fatídico botón con la flechita una vez más. Estuve así, escuchando el famoso cd de Bob Marley, durante varias semanas. Y un día, como todos los días de esas semanas, llegué a casa, me saqué las zapatillas y puse el cd. Y descubrí que ya no me gustaba. Es más; no sólo que no me gustaba, sino que no podía seguir escuchándolo. Me parecía feo y aburrido. Un cd de Bob Marley, sí. Y no pude escuchar ese cd durante varios -muchos- meses.
Este ejemplo es sólo un ejemplo tonto. Pero me pasa con miles de cosas. Me pasa con los gustos de helado, con los caramelos que me gustan, con la música que escucho, con las actividades que hago, con los juegos que juego, con las cosas que pienso, y con las personas. ¿Vos sabés lo deprimente que es estar pensando día y noche en alguien (o alguienes, ¿por qué no?), no poder dejar de hacer planes y organizar cosas y pensar "y si..."? Es frustrante cuando te das cuenta de que si no fuera por esa o esas personas, no harías nada durante esos días. Pero eso no es lo peor. Lo peor es cuando te saturás de esa gente. Cuando te volviste tan adicto a esa persona, o esas personas, que ya no las querés ni ver en fotos.
Pero ahora entra en juego otra hermosa característica de mi personalidad: hay veces en las que me cuesta mucho decir que sí, y hay veces en las que me cuesta mucho decir que no. Y generalmente, casi siempre, se dan al revés de como deberían. Es decir, cuando debería decir "sí" me sale sólo "no" y viceversa. Volviendo a la cuestión de la gente, una vez que me saturé de alguien o alguienes, como decía, no quiero ni verlos en fotos, pero entonces tengo esta maravillosa parte de mí que me dice "no le podés decir que no". Y entonces me dice esta persona x, "¿Querés que vayamos a ..........?" Y yo pienso dentro mío ¡no por favor! y me sale un estúpido "Dale, ¿a qué hora?".
Es feo no controlar las respuestas. Es feo no saber decir que no. También es feo no saber decir que sí, pero eso es otro tema. El problema con el sí no viene cuando me saturé de la persona en cuestión, el problema es cuando sigo adicta. Me cierro en mí misma y no digo que sí. Y cuando ya no quiero decir que sí y no me preocupa que esas dos letras salgan de mi boca -la S y la I, a esas letras me refiero- es cuando se me complica el no.
A veces dudo si no vivo al revés.
Después de dos segundos lo confirmo y me siento mejor... aunque no debería, ¿o sí? Pero... ¿importa?

Puede ser, pero de mí todavia no te cansaste, aunque nos vemos poco así que es entendible. Yo capaz también tengo un poco de eso, me hago adicta a algo (una canción por ejemplo), la escucho meses, horas y horas y después ya no me gusta. Pero por suerte me pasa con las cosas creo, nunca me pasó con personas...
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